¿Cuantas veces la escuchaste?… aquella frasecita insidiosa y descalificadora: “Y usted qué opina, si todavía no nacía…”; Así es, resulta que sólo por no haber nacido estamos obligados a cumplir una condena a la altura misma del pecado original, una sentencia previa que pagamos con nuestro silencio, y que incluso más de 40 años después, seguimos pagando.

No es un secreto que el Chile actual está bajo un régimen político económico-partidista de corriente neoliberal, o dicho de otra manera, estamos gobernados por grupos de políticos organizados que buscan el progreso económico en base al incremento de utilidades del sector privado.

Si estás leyendo este texto, seguramente ya estás tratando de ver hacia donde lo vas a alinear: si a la izquierda, la derecha o al centro. Pero déjame darte una cuarta alternativa: ¿Qué tal si lo “justificamos”?…

Partamos por aceptar que es verdad; que no hicimos filas para el pan durante la UP, no golpeamos las cacerolas, no limosneamos en el Pem y el Pojh, no sacamos brillo de lengua a las botas de un uniforme, ni pusimos el puño en alto mientras recibíamos las balas. Nosotros los nonatos, nosotros los nacidos después…

Aunque no lo reconozcamos, no sentimos nostalgia al escuchar la canción “Libre” ni “Los viejos estandartes”, y tampoco donamos nuestros bienes para reconstruir un país. Nosotros, aunque no queramos pensar en ello, no lloramos al combatiente caído, no sufrimos las distancias y los olvidos del exilio, nosotros no nos subyugamos frente al terror de un sistema totalitario, porque nosotros aún no nacíamos, nosotros aún éramos niños. Somos la generación que vino después, la que no se ganó con sangre, sudor ni lágrimas el derecho de opinar. Y yo me pregunto ¿Por qué?…

¿Por qué?, si cuando quisimos aprender de historia recibimos libros cercenados y páginas trasquiladas de realidad. Cuando quisimos crear música o escribir poesía nuestros padres temerosos de un futuro incierto nos negaron las artes. ¿Por qué?, si cuando descubrimos la vida cívica fuimos obligados a aprender del mundo entre la negación, la censura y la frivolidad. Nos cuestionaron las ganas de experimentar la ciencia o el teatro, a correazo limpio o nos enseñaron que no se podía alzar la voz, que debíamos guardar silencio, mientras nos explicaban que el horizonte era la línea que iba al final de un mundo cada vez más plano.

Nosotros, la generación postgolpe, la generación indigna, ignorante y silenciosa, somos el resultado y la victoria de aquellos que, tras sus espléndidos escritorios, planificaron la mejor forma de sacar beneficio de una población obediente y sumisa, da igual si fue por la razón o la fuerza, da lo mismo el color político, estamos inmersos en un proyecto de país cuyo único objetivo está en maximizar el beneficio propio y reducir el ajeno.

Y he aquí la mejor parte: Todos y cada uno somos una simple copia, una versión en pequeño de todo aquello que criticamos… nos convertimos en una generación inmóvil, insípida y estructurada; una generación chaquetera que envidia el éxito ajeno y se mofa del fracaso de aquellos que, al menos, intentan hacer las cosas distintas. Nos convertimos en una generación de materialistas que a fuerza de orden, castigo y silencio nos tragamos nuestros ideales y acumulamos nuestros resentimientos.

Nosotros, los nonatos; somos los ilusos que siguen creyendo que el orden se debe imponer a la fuerza o se logra con leyes, soñando que las victorias se obtienen por medio de huelgas o marchas callejeras… Elegimos un bando y después jugamos a tener la razón, y mientras peleamos, pataleamos y rasgamos vestiduras por nuestro equipo, existen otros, aquellos que tranquilamente colocan sus apuestas sobre la mesa y por debajo mueven influencias para ganarlas.

Nosotros los nonatos, los que nacimos después; somos las ratas de laboratorio que pasaron el experimento… orgullosos de haber sobrevivido, caminamos por las calles creyéndonos fuertes y emancipados; pretendemos olvidar que vivimos corriendo a diario en nuestra ruedita giratoria, chillando por agua o comida y cagando sobre prensa picada… Porque nos guste o no somos sólo eso: una generación rebaño incapaz de ver más allá de la jaula.

A estas alturas te preguntarás ¿Y qué relación tiene todo esto con la tecnología o el Gobierno de las TIC?… No sé, pero cualquiera es libre de divagar por la historia de vez en cuando.

Una idea compartida, puede ser una visión… Eres libre de comentar.

 

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